Cuida tu salud en Navidad

3 años
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Cuida tu salud en Navidad

La Navidad es una de esas fiestas que se viven con ilusión y alegría en todo el mundo, de las que se marcan en el calendario y se esperan con anhelo el resto de los meses. Tienen la fuerza de reunir a la familia al completo alrededor de una mesa y de sacar los mejores sentimientos de nosotros mismos. No obstante, es responsabilidad nuestra no permitir que la efusividad con la que celebramos esos días pase factura a nuestra salud, comenzando así el año con ‘mal pie’.

Controlar la alimentación

Principalmente por tradición, los anfitriones acostumbran a llenar la mesa de cantidades de comida que sin duda en otra ocasión no alcanzarían tal magnitud. Estos días la mayoría de las personas se dejan llevar por la alegría, aparcando su preocupación por la dieta y el peso a un lado.

El problema de los menús navideños, más allá de ser abundantes e interminables, es que están cargados de un alto grado de proteínas, grasas y toxinas que el cuerpo es incapaz de asimilar por norma general. Esto da lugar a las naúseas, al dolor de estómago, a la hinchazón abdominal, a las punzadas dolorosas, así como a abundantes gases y flatulencias, es decir, a la indigestión. Aprender a prevenirla es de vital importancia para que nada empañe esas cenas tan especiales.

Igualmente, es sumamente importante que aquellas personas con problemas de salud relacionados con la dieta: como los diabéticos y o los pacientes con hiperuricemia controlen los alimentos que consumen estos días. Saber que alimentos podemos tomar y cuales debemos evitar, y hacerlo, es necesario para que la salud de estas personas no se resienta. Los primeros deben prestar especial cuidado a los dulces como el turrón, los polvorones o cualquier postre tradicional de la fecha. Los segundos por su parte, deberán no abusar del marisco ni el alcohol, para mantener a ralla el ácido úrico.

Cuidado con el alcohol

Abusar de la comida en estas fechas no es la ‘única piedra’ que nuestra salud se encuentra en el camino, y es que, cenas como la de Nochebuena, la de Nochevieja o la de Noche de Reyes fomentan el consumo excesivo de alcohol. Se empieza cenando con vino y se continua con los brindis con bebidas como el champagne, el cava o la sidra. Esta ingesta tan poco habitual tiene efectos perniciosos a corto y largo plazo, sobre todo para el hígado y el páncreas.
Por todo ello, es importante controlar, de un modo responsable, la cantidad de bebidas alcohólicas que tomamos e igualmente, la que toman los familiares y amigos que nos rodean, sobre todo si alguno tiene que coger el coche de vuelta a casa. No hay que olvidar que se puede disfrutar de las fiestas sin que para ello sea necesario llegar a la borrachera.

La cuestión del peso
Sin embargo, muchas personas no tienen la suficiente fuerza de voluntad para controlar su dieta o simplemente no se sienten capaces de rechazar la comida a sus seres queridos y no tienen más remedio que sucumbir a los excesos de la comida. Existen dos opciones: prevenir el aumento de peso siguiendo una dieta equilibrada los días antes de la Navidad y durante ella o, tras comprobar cómo las fiestas han cambiado nuestro cuerpo, llevar una dieta en función de esos cambios. En cualquiera de los dos casos, evita seguir alguna ‘dieta milagro’, no siempre son efectivas y perjudican a corto y largo plazo nuestra salud.

A veces, en más ocasiones de las que creemos, no es necesario someterse a ninguna dieta tras estos eventos familiares, bien porque nuestro peso no haya variado significativamente o bien porque el peso ganado no supera los dos kilos, por lo que someterse a un régimen no tiene sentido. Generalmente bastará con volver a la dieta habitual y aumentar un poco la práctica de ejercicio de forma regular.

Lo más importante

Para muchas personas estas fechas tan señaladas son motivo de tristeza sometiéndolos en un estado de decaimiento, es lo que se conoce comúnmente como ‘depresión navideña’. Y es que a algunas personas les resulta estresante tener que reunirse por obligación con la familia, con la biológica en algunos casos pero en mayor medida con la política, y a otros, por su parte, les agobia la responsabilidad de satisfacer a todo el mundo a través del paladar y los regalos. En consecuencia, desean que estas fiestas pasen lo más rápido posible, sin disfrutarlas, despidiéndose de ellas de buen agrado hasta el próximo año.

Otro de los motivos más frecuentes por los que la gente no espera con tanta ilusión como cabría estos días es la pérdida de un ser querido. La nostalgia por los recuerdos vividos con esa persona en estos días tan señalados puede provocar que no se deseen celebrarlos.

Más allá de las cenas, los brindis, e incluso los regalos está el hecho en sí de reunirse por un día con aquellas personas que habitan en nuestro corazón y que muchas veces, por falta de tiempo o distancia no se ven tan a menudo como se quisiera. Por ello, y para que todos disfrutemos por igual, debemos preocuparnos y ser comprensivos con aquellos a los que la Navidad les trae malos sentimientos como los anteriores e intentar aliviárselos en la medida de lo posible. No hay que olvidar que la felicidad se contagia y que si la compartimos en buena compañía, es doblemente felicidad.

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